miércoles, 29 de abril de 2015

La tortuga que se creía liebre ( cuento matemático a la par que sórdido )





Lo he llamado cuento por llamarlo de algún modo , más bien es fruto de la desesperación.














Érase que se era , en tiempos de María Castaña, una tortuga que , sabiendo del famoso cuento , creyó poder ganar a las liebres en una carrera gracias a su ingenio. 
Había aprendido a andar pasito a pasito , pequeñitos pero firmes , hasta que consiguió poder recorrer , despacio, veintidós kilómetros seguidos sin tropezar . La tortuga se sintió con este avance muy, pero que muy contenta. Valía para esto de las medias maratones , pensó. O más bien, lo pensó su gran ego por ella , que tenerlo , como en aquel dicho de las meigas, lo tenía . 
Llegado el momento , cuando su desarrollo alcanzó el nivel esperado allá por los 10 años de existencia ,  se propuso dar el paso definitivo.

" Gran Maratón de la Geometría Intrínseca " ponía en un cartel en las afueras de su pueblo. 
Abajo, en letras pequeñas : 
- Requisitos : conocimientos de curvas , tanto planas como espaciales; experiencia en medias maratones geométricas ; dominio en inmersiones y en funciones diferenciables ... y muchos más que la tortuga no pudo leer ( luego cayó en la cuenta de que ese día no se había limpiado las gafas, como de costumbre ) .
La tortuga decidió apuntarse , saliera el Sol por Lugo o por Antequera . Entrenar , lo que se dice entrenar , pues la verdad, no mucho. Le gustaba hacer el ganso , tirada en su sofá haciendo nada, o perderse en divagaciones . En caso de necesidad , pues haría trampas o tiraría de su ingenio, si en otras ocasiones le había dado resultado, ¿ por qué no en ésta?

Llegó el gran día. La salida estaba abarrotada de gente o, al menos , eso le pareció a nuestra tortuga. En realidad, seguía con las gafas sin graduar y, por supuesto , sin limpiar. Eso no le impedía ver en primera fila a las liebres , musculadas como Mihuras , acostumbradas a ganar maratones descalzas y casi sin despeinarse, al más puro estilo de los keniatas olímpicos de antaño. 
Se dijo para sí : " a esta peña les gano yo, como en el cuento" , sin saber todavía que esa carrera era de obstáculos , dato que no llegó a leer en la letra pequeña.

Disparo de salida: ¡PUM! Y allí echaron a correr las liebres como posesas. La tortuga se enganchó al rebufo como pudo con la sensación de que lo tenía todo controlado.

Primer obstáculo: una curva plana , sencillita y hasta graciosa. Eso era un salto de longitud, ahí había entrenado bastante.  La tortuga dio las tres zancadas previas como mandan los cánones y salvó el obstáculo agarrada al pantalón de una preciosa liebre negro azabache ( que como esto es un cuento, por supuesto que existen ) . La tortuga se creció , hizo con su mano ( también las tortugas tienen manos en mi cuento ) la V de la victoria con cierta chulería y siguió avanzando al ritmo de los armarios de cuatro puertas intentando no quedarse atrás. Estaba muy contenta y pensaba en la moraleja del famoso cuento : " en cuanto pueda, los entretengo  y entro sola en la meta " .

Segundo obstáculo: una curva, esta vez espacial , ahí también intervenía la  altura , así que la tortuga se quedó un poco bloqueada , pues había hecho trampas en la selección previa a la prueba calzándose unos enormes tacones de aguja de lo más fashion. Echándole imaginación al asunto y cuando nadie miraba , decidió sortear el obstáculo por debajo entre las enormes patas de las liebres que , por supuesto, seguían adelante a toda velocidad casi sin haber empezado a sudar. Otra vez la V chulesca. Las liebres la miraban " raro" y la tortuga comenzó a maquinar su plan de ataque en el próximo obstáculo para dejar al menos un tercio de aquellos monstruos de los maratones detrás suya.

Tercer obstáculo: se veía a lo lejos aun sin las gafas ( que se le habían caído al sortear el anterior ) .
¿ Qué era eso? Era como un gran mapamundi , o un montón de mapas pegados, que recubrían una especie de esfera flotante; aquello ya imponía cierto respeto. Le entró el pánico y pensó en retirarse por un instante, aunque no lo hizo. Debía ser algún tipo de superficie , pero hasta que no estuviese más cerca, no lo sabría con certeza . Como la tortuga, además de cabezona como ella sola, era muy curiosa , se acercó al obstáculo, lo miró de arriba abajo y de lado a lado, analizó por donde podría colarse sin que se notara mucho y lo sorteó dando un rodeo , mientras algunas liebres se paraban y discurrían sobre la forma más coherente de sortearlo de manera legal. A la tortuga le dio por reír con una risa floja cuando pasó al otro lado. Las liebres que aún quedaban por saltar estaban empezando a desesperarse y comenzaban a echar miradas desafiantes a nuestra tramposa tortuga. " Ya las tengo a tiro, una liebre enfadada pierde fuelle " , y les guiñó un ojo para colmo.

Avituallamiento: todavía quedaban botellines de agua tras el paso de las liebres más avanzadas . Cogió todo lo que pudo . En total 9'5 objetos , pues uno de ellos se le rompió por su mala cabeza, pero salió de allí satisfecha y dispuesta a seguir avanzando recargada de energía. Aprovechó y también se inyectó a escondidas 60 mcgr de EPO por vía subcutánea, por si acaso.

Cuarto obstáculo: ese ya no sabía ni como definirlo. Era como un amasijo de fórmulas, de subíndices en griego, en cirílico y hasta en lenguaje soez. Primeros coeficientes fundamentales asociados a la carta, parametrizaciones geodésicas ( ¿ eso qué era? ), teoremas que parecían sacados de una película gore;  esto se asemejaba a  una barricada de guerrillas, todo amontonado sin orden ni concierto, según su errónea percepción de la realidad . La tortuga hizo de su capa un sayo y con la embriaguez del dopping cogió aire , lo soltó como si fuera a ejecutar un tiro libre , volvió la vista atrás dándose cuenta de que las liebres se acercaban peligrosamente ( a esas alturas de la película iba entre los más adelantados ) y pegó el gran salto. Mejor dicho : se la pegó. Cuando recuperó el conocimiento, estaba con la cara llena de barro, un épsilon asomaba por una de sus orejas ( si, las tortugas también tienen pabellones auditivos en mi cuento ) y lo peor, había perdido su caparazón por alguna parte.

Sintió los pisotones de las liebres que , cómo no, la iban adelantando sin inmutarse y hasta alguna, con mala idea , le guiñaba ahora un ojo haciendo la V u otros gestos que no voy a detallar. 
La tortuga maltrecha, herida en su orgullo , sin gafas y en paños menores, maldijo una y otra vez al autor del cuento de marras, mientras seguía sin aparecer su caparazón. Se acordó de los planos osculadores ( para besitos estaba ahora ella ) , de los tangentes, de los normales, de las curvaturas y de la madre que los parió a todos.

No podría describir cuánto hace de este episodio , pero dicen las malas lenguas que mientras que las liebres ríen en el bar de copas situado tras la meta dando buena cuenta de unas cervezas esperando su merecido diploma , se oye el llanto lastimero de una tortuga a lo lejos, atrapada todavía en aquel cuarto obstáculo buscando sus pertenencias .


Y esta  es la amarga historia de la tortuga que, una vez , quiso ser liebre y no lo consiguió; pues toda la vida es cuento y los cuentos, cuentos son.