martes, 11 de septiembre de 2012

Mis tres deseos

Siempre se ha dicho que uno antes de morirse tiene que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Son tareas no muy complicadas. Tengo dos hijos, escribí hace años una novela de misterio (que nunca llegue a publicar, porque es malisima), y creo que cuando era pequeña fuimos con el colegio a reforestar algo en Huelva. 
Como no quiero morirme todavía, tendré que pensar en otras tres tareas , no vaya a ser 
Mas que tareas, son retos personales. Lo narraré a modo de cuento de Dickens. 

Mis tres deseos  ( o cosillas pendientes que puede que nunca haga)

Andaba yo terminando de organizar la sala para el siguiente turno. Papeles, analíticas, algo que escribir en el libro de incidencias... Eran cerca de las dos y media y tenia un hambre de perros.
Al ir a cambiar un monitor, me percaté de que detrás brillaba algo. Me ajuste las gafas ( que ese día, no se por que, llevaba puestas) , me acerqué y vi una tarjetita diminuta con algo escrito. Como tenia mucho polvo, sabría Dios desde cuando estaba allí detrás, soplé un poco para poder leer lo que decía.
"Te concedo tres deseos" 
En tiempos de pseudobudista, a veces pensaba en aquello de " no es mas feliz el que mas tiene, sino el que menos necesita". Tres deseos, pensé. ¿Y ahora que pido yo? Dinero, como que no;  trabajo, tengo de momento; salud, no hay que ser avaricioso; amor, estoy servida.
Pensé durante unos cinco segundos y voilá.
Mis tres deseos son:
- Un tío que me mantenga durante un año, algo que me gustaría probar antes de morirme
- Defraudar al Estado , pero no de cualquier manera, sino a lo grande, a lo Urdangarin.
- Ser un florero en el trabajo, pues siempre he pensado ¿como lo harán? al ver a algunos floreros que pululan por el hospital.

De pronto, me suena el móvil ultima generación.
- Cari, ¿te falta mucho? Sabes que es tu ultimo día y que hemos quedado a comer con Borja Mari y Señora.
- Voy cari -   le contesté -  enseguida bajo.
En la puerta me esperaba un Audi TT color champan , tapicería de lujo y un señor con un impresionante traje de Hermenegildo Zegna al volante.
- ¿Has actualizado las tarjetas?
- Si, todas a tu disposicion. Mañana salgo de viaje y no quiero que te falte nada.
Pensé que era un sueño. Nada de trabajar, tarjetas con barra libre, el Audi, y no quiero pensar en el chalet en Pinares de San Anton que tendría el cari. Mis mejores presagios se confirmaban.
Pasaban las semanas y cada vez me gustaba mas mi nueva vida. Gimnasio, la ecuatoriana que llevaba la casa  muy bien, mis hijos en los mejores internados de Estados Unidos. Amistades con la señora de Borja Mari, con Candela , cuyo esposo era un conocido concejal del PP. ¿Como no había descubierto esto antes?
A veces pensaba en el Hospital, en los recortes, en las 37'5 horas, pero ¿eso que tenia que ver ya conmigo?
Tenia a mi cari, bueno a mi cari lo veía mas bien poco o nada, siempre andaba por ahí de viaje, pero tenia las Visas de mi cari, que de cuando en vez me pagaban algún capricho que otro con algún universitario buenorro falto de pasta.
Vivía en una irrealidad. Falsas amistades, falsos hobbies, falsos caris.... Al cabo del tiempo sentía tal hastío que me tiré a la botella ( no a la de Aznar, sino a la de Chivas 12 años). Entre coma etílico y coma etílico, pensaba en el Hospital, en mis antiguos compis, que nunca mas vería, en los pacientes, incluso en Rajoy y sus recortes. Fue cuando me di cuenta de lo mal que estaba. Habia tocado fondo.
Podia meterme coca, abusar de los psicotropos, ser socia del club mas pijo de la ciudad... ¿Pero acordarme de Rajoy? Eso nunca.
Me acosté en mi gran cama de diseño japones una buena noche, sola y amargada, pensando que tal vez tendría la suerte de no despertarme al día siguiente.

De nuevo el maldito teléfono, esta vez era de un conocido periódico.
- Buenos días, quisiéramos corroborar cierta información que nos ha llegado a la redacción.
- No se de que me habla - respondí con cierto desasosiego  y colgué.
Tendría que andar con sumo cuidado. Si se destapaba el asunto, iban a rodar cabezas, entre otras la mía.
Habíamos montado una red de cursos financiados con subvenciones algo atípicas; favor por favor; y el negocio estaba despegando. El dinero lo tenia a buen recaudo en una cuenta numerada en Gibraltar, por eso no había por que preocuparse, pero si alguien se iba de la lengua, tendríamos problemas.
Hice una llamada, no me esta permitido publicar a quien.
- Lo que acordamos sigue en pie, ¿no?
- Ha surgido un contratiempo, debemos meter en el ajo a otra persona mas, ya te diré mas adelante , pero es alguien muy bien relacionado con el tema.
- No jodas. Acordamos en un principio dejar la sociedad cerrada, para evitar filtraciones.
- Ya ha habido filtraciones, ahora lo que hay que hacer es poner dinero para que no se salga de madre; créeme  que estoy atado de pies y manos.
- Mira, te he hecho ganar muchísimo dinero, así que no me vengas ahora con estas tonterías. Lo acordado, acordado queda. Lo de los cursos es solo una tapadera y lo sabes.
- En este negocio todos ganamos dinero, así que no  me cuentes milongas. Los altos cargos quieren a esta persona metida en el negocio y punto.
Esto era extorsión, había que tragar por donde fuera a fin de que no se descubriera el pastel, y la guinda ya asomaba por la prensa amarilla. Podíamos ir todos a la cárcel o algo peor, perder nuestra reputación y dejar para siempre el negocio. O eramos unos novatos o esto funcionaba así, como una tela de araña que iba atrapando a todo el que se ponía a tiro.
Con lo bien que estaba yo antes, Dios mio.
Pensé en dejarlo todo. Eso iba a hacer. Llamaría de nuevo a mi socio y le diría que lo dejaba todo, que no me importaba perder el dinero.
- ¿Lo has pensado ya? sabía que cambiarías de opinión.
- No, lo dejo.
- ¿Como que lo dejas? Eso es imposible. No puedes dejarlo. Atente a las consecuencias. Si hay en esto alguna cabeza de turco, serás tu y solo tú. Ya se encargaran los abogados de prepararlo todo para que así sea.
Hay que tener mucho estomago y muy pocos escrúpulos para meterse en este mundillo. No hay reparos en poner zancadillas, ni en amenazar gratuitamente. No sabía lo que hacer. Si seguía, tenia que tragar con las condiciones, que suponían pasar de negocio fraudulento a mafia. Si lo dejaba, me habrían arruinado la vida para siempre. Algún hilo se me había escapado en el montaje de la trama , y ahora pagaba yo solita las consecuencias.
Me arreglé , cogí la moto y me fui a dar una vuelta....

- Compañeros, hoy me voy yo antes, que tengo cosas que hacer.
- Como casi siempre - respondieron ellos al unisono.
Vivía bien, sin complicaciones. El madrugar se me daba regular, aunque como ya estaban acostumbrados, ellos empezaban sin esperarme, lo cual tenia sus ventajas, ya que cuando llegaba, estaba ya casi todo preparado.
Era un florero de hospital. Nunca me alteraba por nada, nunca tenia un mal turno; para eso estaban mis compañeros.
Intentaba que no se me notara mucho. Es un arte hacer como el que trabaja pero sin hacer nada. Llevaba años de practica.
- Voy un momentito al sindicato a preguntar una cosa - decía cuando veía que la cosa se estaba poniendo fea. Allí esperaba si había cola, y si no, iba a la calle a comprar tabaco, la cosa era hacer tiempo.
¿ Sábados? Nunca. Siempre había algún pardillo/a a quien engañar.

En la sala procuraba atrasar lo mas posible el trabajo, pues siempre habría alguien que echara una mano. Problemas los mínimos. Nada de involucrarse. Se echan las 7 horas, y para casa.
Era rutinario, pero no me importaba. Era mi trabajo, que no me gustaba, pero que me daba para comer y vivir medio en condiciones.
Veía al resto preocuparse por los pacientes, y por la situación, haciendo esfuerzos sobrehumanos a veces para mejorar la calidad de la atención y pensaba : ¿ que necesidad tengo yo de pegarme estas palizas, si total , voy a cobrar lo mismo haciendo lo que hago?
Nunca sonreía. Bueno, solo sonreía cuando llegaba la hora de irme.
Mis compañeros y mis pacientes si tenían una cierta complicidad. Siempre andaban gastando bromas, quedando para ir de cañas, inventándose cosas... Si no contaban conmigo, no hacia falta, yo estaba a otro nivel, el del escaqueo.
Llego un buen día en el que me harté de esta vida. Pedí la cuenta, como suele decirse, y me quedé en mi casa viendo el "Sálvame".
No hubo despedidas, ni siquiera una tarta. Ha pasado un año y nadie me recuerda ya en el hospital. Solo he engrosado un poco mas la lista de "floreros sin nombre" que por allí pasaron, pero no me importa ( o eso creo) ...

Moraleja : Virgencita virgencita, que me quede como estoy