miércoles, 10 de octubre de 2007

REFLEXION TRAS EL ENFADO

Bueno, he vuelto después de haber estado unos días en periodo de reflexión.En la ultima entrada, andaba un poco quemada con la falta de personal del hospital, la mala gestión y las poquísimas ganas de trabajar en condiciones de algunas personas, entre las cuales no me gustaría llegar a incluirme. Por el camino reivindicativo, hemos conseguido algo, en cuanto a la falta de personal, en el momento oportuno, tras comunicar con cierto grado de vehemencia a los cuatro vientos que nos habían dejado bajo mínimos no cumpliendo la norma que exige un cierto numero de enfermeros para cierto numero de pacientes - me da pena hablar de números sobre todo cuando se trata de pacientes, pero así está estipulado para poder medirlos- en fin, que tras un pataleo con razón, no ha sucedido más hasta el momento.

Lo realmente triste es que si no pataleas, no te oyen. Lo de "el que no llora no mama", y "se atiende antes al que mas chilla". Es triste. Cada uno tiene que luchar por lo estrictamente suyo; nadie mueve un dedo si no es en pro de sus intereses, ya sean personales, profesionales, o por pura dignidad.
De acuerdo, hay que hacerlo. Pero, cuando te topas con una panda de pusilánimes que les da igual ocho que ochenta y solo vienen a echar unas cuantas horas en el hospital cansándose lo menos posible, generando y teniendo los menos problemas posibles ¿qué? ¿Sus pacientes pagan el pato de la "no calidad"?
He leído hace poco un articulo en un periódico de Málaga. Los enfermeros de oncología denuncian la falta de personal y la escasez de camas.
Por lo visto, parece que a la escasez de camas se ha unido la existencia de una habitación cerrada a cal y canto a modo de consulta, la cual no utiliza nadie y los pacientes mientras tanto, no pudiendo ingresar en su planta y teniendo que ingresar en otras plantas distintas con distinto personal.
Yo trabajo con pacientes crónicos y puedo imaginarme lo que les puede pasar por su cabeza cada vez que los ingresan en una planta desconocida, no están sus médicos especialistas, con unas personas desconocidas, que no saben a priori su nombre, ni sus manías, ni puedes desahogarte con ellos, no porque sean mejor ni peor que sus enfermeros, " su gente " nos llaman los nuestros; sino porque no les conocen lo suficiente como para saber de ellos cosas que " su gente " saben a fuerza de luchar mucho con ellos. Y pudiendo estar ocupando dos camas los 365 días del año, esa habitación la ocupan papeles (por lo visto); es absurdo.
Pues pienso que así sí se reivindican las cosas, si no responden a tus demandas y sabes que tienes razón, a los medios directamente.
http://www.diariosur.es/20071003/malaga/enfermeros-denuncian-escasez-camas-20071003.html

Puede sonar fuerte, pero a veces hay que hacer así; se puede estar un día, a ver que pasa, que si hoy no se puede, que si ya está hablado, que si el problema se va a solucionar...
A veces oyes esto y da la impresión que tus superiores te están dando largas, no ves los resultados pronto y te cabreas, sobre todo cuando ves que la cosa va de mal en peor.
Supongo que estar a cargo de una unidad o de una planta no debe de ser fácil. Lo miramos desde abajo, solo nos miramos nuestros propios ombligos y vemos nuestro problema, no los problemas que quizás se les plantean a ellos desde el escalón de arriba.
En realidad, no sé bien qué hay de cierto en una perspectiva o en la otra.
Por eso he estado meditando un poco sobre este tipo de situaciones y he llegado a una conclusión: aunque voy a seguir reivindicando todo lo que a mi juicio esté mal, puesto que en nuestra buena labor está en juego el bienestar del paciente, sí que puedo no cabrearme tanto y seguir trabajando lo mejor que pueda. Las energías que gasto en enfadarme visceralmente puedo utilizarlas haciendo mi trabajo mejor, incluso con pocos medios, o falta de personal y todas las trabas que a veces nos encontramos en nuestra profesión.
Eso será lo que haré: seguir trabajando lo mejor que pueda, que eso sí se me da bien y no me daña a mi salud; aunque sin dejar de pedir al resto de las personas que forman parte de la comunidad sanitaria que también hagan su trabajo lo mejor que puedan.