jueves, 25 de octubre de 2007

DETALLES DE HUMANIDAD

Hola gente.
En primer lugar agradecer el apoyo ofrecido en el comentario anterior del personal de un Hospital que he oído nombrar y que no está muy lejos de aquí (NOTA: hoy os escribo desde Júpiter).
En segundo lugar, hoy me apetece narrar una historia que me ocurrió hace mucho , muchísimo tiempo en otro Hospital, no tan grande como el que trabajo ahora, sino un poco más pequeño.
Andaba yo hace algunos años trabajando en una planta de hospitalización, en turno rotatorio.
También andaba yo recién incorporada de una larga baja por enfermedad. Había estado enferma unos seis meses o así , a causa de un traumatismo. Había estado las ultimas semanas deseando incorporarme al trabajo, pues notaba que me faltaba algo, el relacionarme con los pacientes y compañeros, ese "sentirse útil" del que hablan algunos jubilados. Algo parecido me estaba pasando las últimas semanas.
Me incorporaba un martes por la noche, me acuerdo perfectamente.
Allí estaban "mis niñas", mis compis de toda la vida, las cuales habían visto nacer a mis hijos, hacerme mayor, me habían soportado mis momentos malos y se habían reído en las horas tontas de hacer un poco el payaso. Muchos años con ellas. No existía la rutina ni las caras largas, un perfecto equipo. Me atrevería a decir como una "familia". Desde aquí les dedico un beso enorme.
Siempre me ha gustado, después de coger el relevo darme una vueltecita por la planta para ver las caras de los pacientes, presentarme a los que no me conocen y tomar un poco de contacto con el turno. Esto no me lleva más de diez o quince minutos, y todos lo agradecemos. Pues dando esta vuelta de reconocimiento, como en la Formula 1, ví a un paciente que parecía preocupado. No lo conocía , no había estado ingresado allí otras veces. Era una planta de enfermos crónicos, pero éste era de cardiología y estaba allí porque no había camas en su servicio.
Le pregunté si le ocurría algo y me contestó que no le dolía nada, pero que me lo agradecía de todos modos.
_ No me refiero a dolor. Solo que le noto preocupado, ¿Puedo ayudarle?.
Los ojos del pacientes se iluminaron y cambió el gesto.
_ Mire señorita: ingresé aquí la semana pasada por un dolor en el pecho, me vio el medico y me dijo que me iban a estudiar y hacerme unas pruebas. Me hicieron unas pruebas y no dieron nada. Me ha dicho el medico que tengo que hacerme otras, probablemente esta semana. La verdad es que estoy asustado porque no sé que pruebas van a hacerme, si duelen o si son peligrosas. Iba a preguntarlo, pero es que os veo tan ocupadas a vosotras y a los médicos que no encuentro la oportunidad.
Le dije que no se preocupara. Que aunque en ese momento no podía porque tenía que tomar las constantes y poner la medicación, que luego volvería a la habitación a informarle de lo que pudiera. Que tardaría como una hora o así, si no se presentaba ningún imprevisto.
Me dieron las gracias el paciente y su señora.
Volví luego a tomarle la tension y a recordarle que pasaría a informarle en cuanto pudiera.
Cuando terminé, me leí la historia del paciente con más profundidad. Tenía cursada una coronariografía, y se la harían el lunes proximo.
Volví a la habitación, le expliqué al paciente y su señora lo que le iban a hacer, les expliqué también que para algunas de las pruebas se necesitaba que firmara un consentimiento, todo lo que estuvo en mi mano le expliqué. Le dije que cualquier duda que tuviera, la preguntara, que no se quedara con ella, al médico, a las enfermeras, a quien fuera, pero que preguntara porque una de nuestras funciones es informar al paciente.
Todo esto le sirvió más que un tranquilizante.
Le pregunté si necesitaba algo más.
_ Sí, me gustaría hacerle una pregunta.
_ pregunte _ le dije.
_¿ Es usted nueva? Es que no la había visto por aquí.
_ Como si lo fuera, porque precisamente hoy me acabo de incorporar de una baja.
_ Pues doy las gracias a Dios y a su médico por haberla puesto a trabajar esta noche.Muchas gracias por todo, no se imagina lo que me ha ayudado _ y me dedicaron los dos la mejor de sus sonrisas.
Volví al estar de enfermeras emocionada como una novata. Todavia me emociono un poco al recordarlo.
Esa noche recuerdo que fue un poco agitada, nos llegaron ingresos un poco complicados, en fin una moche movidita, pero para mí fue una de las noches que tardaré en olvidar.

1 comentario:

David dijo...

Desde la ironía, no exenta de la cálida placidez del que no tiene los problemas de salud que requeriría vuestros magnánimos cuidados, permitirme que os ofrezca una reflexión de sus señorías, los diputados de la Gran Bretaña. Pues andaban discutiendo acerca de la conveniencia de gastar una partida del presupuesto anual para calefacción; claro que como no había suficientes Libras, no sabían si ponerlas en las cárceles o en las escuelas. ¿Y que creéis que decidieron? Obviamente ponerlas en las cárceles, pues a ellas podrían volver, pero a la escuela... no.
Uno piensa que la mejora de los servicios de sanidad son importantes, no solo por la responsabilidad profesional, incluso social, de quien la impulsa, sino -joder- porque yo voy a ser usuario en cualquier momento, y necesito que funcione bien, con unos criterios mínimos, perfectamente protocolizados y actualizados, acorde aconseje la operativa diaria. Y digo más: los dones y doñas, vanidosos, pisamoquetas y mas pendientes de sus coches que de su responsabilidad social como médicos o responsables, sufren la pasividad de sus subordinados. Ellos también están dando vueltas en la rueda. A veces su personal no responde, ni siquiera desde el mínimo, a las necesidades de los puestos.
La mejora de la atención es responsabilidad de todos, no solo de los pisamoquetas. La mejora empieza exigiendo calidad al compañero.... y esos fantoches con coches ya tienen bastante con resolver el sentido que tienen sus vidas, con el solo horizonte de presumir de lo que tienen y no pueden tener otros. Dedíquense a mejorar desde los ámbitos que mas controlan, el de ustedes mismos, el de los compañeros mas inmediatos, y olvídense de esos infelices que aún no tienen lo que desean.